Akbar y Birbal, antiguo cuento de la India

Un día, Akbar y Bírbal fueron a la selva a cazar. Al disparar la escopeta, Akbar se hirió el pulgar y gritó de dolor. Bilbar le vendó el dedo y le endilgó el consuelo de sus reflexiones filosóficas: "Majestad nunca sabemos qué es bueno o malo para nosotros". Al emperador no le sentó bien el consejo, se puso hecho una furia y arrojo al visir al fondo de un pozo abandonado.
Continuó después caminando solo por el bosque, y en esto un grupo de salvajes le salió al encuentro en plena selva, lo rodearon, lo hicieron cautivo y lo llevaron a su jefe. La tribu se preparaba para ofrecer un sacrificio humano, y Akbar era la víctima que su Dios les había enviado. El hechicero oficial de la tribu lo examinó en detalle, ya que la víctima no debía de tener defecto físico alguno.
Akbar cayó entonces en la cuenta de que Birbal había tenido toda la razón, le entró remordimiento, volvió corriendo al pozo e el que lo había echado, lo sacó y le pidió perdón por el daño que tan injustamente le había causado. Birbal contestó; "Majestad, no tiene por qué pedirme perdón, ya que no se ha causado ningún daño. Al contrario, su majestad me ha hecho un gran favor, me ha salvado la vida. Si no me hubiera arrojado a este pozo, hubiera continuado yo a su lado, y esos salvajes me hubieran sacrificado. Como ve su majestad, nunca sabemos si algo a de ser bueno o malo para nosotros.



La mirada pura de los niños

Un video educativo que muestra la diferencia de actitud entre hijos y sus padres frente a una niña discapacitada.


 

Sabiduría Zen



1. Haz una cosa cada vez. Es parte de la vida de un monje Zen, sólo una tarea, nada de multitareas. Un proverbio Zen dice “cuando camines, camina. Cuando comas, come.”

2. Lo que hagas, hazlo pausadamente y con un propósito. Tus acciones deberán ser razonadas y realizadas con pausa, así ganarás en concentración.

3. Hazlo de forma plena. Centra tu mente en la tarea y complétala antes de pasar a la siguiente. Si algo queda inacabado, aparta la tarea completamente. Si preparas un bocadillo, no lo comas hasta que hayas recogido y limpiado todo lo que utilizaste para prepararlo.

4. Haz menos. Un monje Zen no tiene una vida perezosa. Se levanta pronto y trabaja durante todo el día, pero no genera una lista de tareas sin acabar. Realice las tareas que realice serán esas y ninguna más. Menos tareas significan más atención en ellas y poder realizarlas plenamente. Muchas tareas programadas hará que saltemos de una a otra rápidamente sin pensar y sin concentrarnos en ellas.

5. Espacia las tareas. Disponer de tiempo entre tareas te ayudará a concentrarte en ellas y te facilitará completarlas. Una programación relajada ayudará a finalizar tareas que se alarguen disponiendo del tiempo necesario para finalizarlas.

6. Desarrolla rituales. Los monjes Zen tienen sus propios rituales para las tareas que realizan, desde comer, limpiar o meditar. Eso les ayuda a darles la máxima atención y a que sean realizadas, con pausa, correctamente. No tienes que seguir ningún ritual, crea tus propios para cada tarea que realices.

7. Asigna tiempo para ciertas tareas. Hay tareas diarias que requieren un horario específico. Determina el tiempo para el aseo, para trabajar, para limpiar o para comer. Esto asegura que las tareas sean realizadas regularmente. Si para ti una tarea tiene la importancia suficiente para realizarse con regularidad, asígnale el tiempo necesario.

8. Dedica tiempo a sentarte. Una parte fundamental de la vida del monje Zen es la meditación sentada (Zazen). Esto requiere designar un tiempo simplemente para sentarse. La meditación es práctica y ayuda a encontrase con uno mismo, pero no hay por qué realizarla sólo cuando estés sentado. Hacer ejercicio puede ser una buena práctica para centrarse en uno mismo, cualquier actividad te pude ayudar a encontrarte.

9. Sonríe y ayuda a los demás. Los monjes Zen dedican parte de su día al servicio a los demás. Esto enseña humildad y aleja el egoísmo de sus vidas que se orientan al servicio. Dentro de la familia o fuera, puedes dedicar ese tiempo a los demás. De igual forma sonreír y ser amable con todo el mundo ayuda a mejorar la vida de los que te rodean.

10. Haz que limpiar o cocinar sean parte de la meditación. Además de la meditación Zazen, limpiar y cocinar son partes importantes del día de un monje Zen. Pueden resultar enriquecedoras al realizarlas cada día como práctica del auto-conocimiento. Si para ti son aburridas, intenta hacerlas parte de la meditación, concéntrate en ellas, hazlas pausada y plenamente, y tu día cambiará plenamente (y tu casa estará más limpia).

11. Piensa qué es necesario. Hay muy poco en la vida de un monje Zen que no sea necesario. En su armario no hay prendas exclusivas, ni muchos zapatos, nada de instrumentos tecnológicos, coches o comida basura (su dieta es vegetariana). No es necesario vivir como un monje Zen pero nos tiene que servir para recordar que hay muchas cosas en la vida que no son necesarias, y es interesante pensar qué necesitamos realmente en nuestra vida y que cosas son innecesarias.

12. Vive de forma sencilla. Es el resultado de la regla 11, si no es necesario, puedes vivir sin ello. Libérate de aquello que no sea necesario o esencial. Para cada uno, esto será diferente: la familia, la lectura, el ejercicio o los amigos, pueden ser algo esencial en tu vida. Decide qué es lo más importante para ti y hazle hueco en tu vida eliminando lo que no sea esencial.

Antiguo poema Sufi



Un lugar donde llevarte flores, por Carolina Arenes

Mi madre siempre dijo que el día que muera no quiere coronas ni ninguna otra clase de ornamentos. Hace poco, a esa restricción de puro sentido común (a qué ponerse a gastar plata en cosas tan efímeras) sumó una indicación de otra índole: no quiere entierro, prefiere que la cremen. No podría asegurar qué nos fue llevando a esos temas tan sombríos. Ella está perfecta de salud y en general tiene un talante muy alegre, pero lo cierto es que cada tanto vuelve a la carga con su pedido. Y yo con el mío: no quiero que la cremen.

Se lo he explicado muchas veces. Cada vez que pienso en mi padre (y eso es todos los días desde hace poco más de un año), lamento tener que enfrentarme con la idea de su muerte, con su ya no estar más en el mundo, de una manera tan brutalmente literal. Para eso están las metáforas, estoy segura, no para embellecer el lenguaje, sino para que el lenguaje nos ofrezca coartadas, consuelo.

Se lo digo a mi madre. Quiero poder llevarte flores y sentarme en un banquito a decirte algo más. A seguir peleándome, se ríe. También, sonrío yo, pero quiero pensar que nos va a quedar un último lugar donde decirnos lo que falte.

Sé que mi argumento la conmueve (es una madre), pero entonces se ríe otra vez y contraataca: "Es que con lo que te molesta hacer trámites, te vas a olvidar de renovar el permiso del cementerio ¡y yo voy a terminar en un osario común!".

Para asustarla (tengo que convencerla ahora, no estaría bien contradecirla cuando ya no esté), debería recordarle la suerte que corren hoy las urnas funerarias, esas nuevas deidades domésticas que, según cambian las costumbres, se acumulan en placares, cómodas y bibliotecas para culpa de los deudos que no han sabido cómo manejarse con la muerte en cenizas.

"Sacamos a pasear al papi", me dijo hace poco un amigo después de una excursión fallida, con la urna en el asiento trasero del auto, en busca del lugar donde dejar las partículas elementales. Mi propio padre mora hoy en una maceta a la espera de que su última esposa vaya a su encuentro y entonces sí, juntos para siempre en la eternidad de las cenizas, sean arrojados tal vez al mar, tal vez a los médanos, tal vez a la intimidad del jardín, en el hueco redondo del último árbol que plantaron.

Allá va en helicóptero un romántico viudo a esparcir las cenizas de su amada sobre los Alpes, donde se conocieron. Allá va el hijo de un amante de la naturaleza extrema a honrar la memoria del difunto dejando sus restos en el cráter de un volcán. Allá van los nietos memoriosos a dejar la urna que guarda al abuelo en el que fue su refugio durante la guerra. Allá van rumbo al césped millonario los hijos de un hincha agradecido que pidió ser espectador eterno en el club de sus amores.

Aunque mi madre insista con su idea, sabe muy bien que no es algo sencillo. Nos llevó mucho tiempo dejar partir a su hermano menor y a su madre (es decir, mi tío Tito y mi abuela). Cada vez que intentábamos definir los pormenores del plan, nos enredábamos en los detalles de cómo, cuándo y por dónde llegaríamos hasta el río para que ningún pescador ni mucho menos un hombre de la Prefectura nos descubriera in fraganti en nuestra ceremonia clandestina. Arrojar las cenizas al río no es ilegal, nos decíamos, pero la inquietud iba por dentro a medida que nos acercábamos al muelle con nuestros tesoros escondidos.

No somos los únicos. Por cuestiones prosaicas como los costos, cada vez se acompaña menos al difunto hasta su última morada terrenal y, por lo que dicen los expertos en el mundo de Hades, el problemita de qué hacer con los restos se ha generalizado. Hay quienes optan por las elegantes urnas de madera laminada, aptas para interior; o por las de acero inoxidable, que resisten muy bien en el jardín o en el patio. Y están los más desprejuiciados que transforman los restos en diamantes, tras un sofisticado proceso de cristalización.

Se diría que el tema de la muerte se nos está desmadrando. Varios obispos ya pusieron el grito en el cielo, temen fetichismo y resurgimientos paganos en las nuevas ceremonias del adiós.

Mi madre en cambio nos transmitió serenidad. Nos acomodamos ella, mi hermano y yo en los grandes escalones de piedra que se hunden en el agua, les dijimos adiós a nuestros muertos queridos y el río se los llevó en silencio mientras ella rezaba. Era la playa adonde su madre los llevaba a jugar en veranos remotos. Se diría el texto circular de una biografía. O una forma de reescribir viejas palabras a la luz de lo que hoy sabemos sobre el origen de la vida: del agua vienes, al agua regresarás.


http://www.lanacion.com.ar/1784711-un-lugar-donde-llevarte-flores

Los Nadies, Eduardo Galeano


Precioso spot para la ONG África Directo realizado por Sra Rushmore con la voz de Eduardo Galeano

Homenaje a Eduardo Galeano en el día de su muerte

Conocí a este excelente escritor uruguayo cuando llegó a mis manos su best seller Las venas abiertas de América Latina, un ensayo que todos los jóvenes deberían leer para conocer, entre otras cosas, nuestros orígenes.
Sin embargo no es este libro el que considero su mejor obra;  El libro de los abrazos, Las palabras andantes, Patas pa arriba, Memorias del fuego, Los hijos de los días,  entre otros, son verdaderas joyas de la literatura latinoamericana.
Podría decirse que a Galeano lo habitaban muchos autores: el político, el sociólogo, el de izquierda, el amante del fútbol, de la mujer, del amor y sobre todo de las historias de vida.

Eduardo Galeano fisicamente partió de este mundo hoy lunes 13 de abril de 2015, pero paradójicamente está más vivo que nunca.

Lo imagino rodeado de hermosos seres alados que escuchan fascinados narrar sus nuevas historias.


Les dejo un video para que lo recuerden y un link para descargar gratis 10 libros.



10 Libros para descargar de Eduardo Galeano

http://www.telesurtv.net/news/10-Libros-para-descargar-de-Eduardo-Galeano-20150413-0018.html.  www.teleSURtv.net

  


El pastor y sus ovejas

Un pastor apacentaba su rebaño en el campo cuando un forastero se acercó y comenzó a hacerle preguntas sobre las ovejas.



"Dime" le preguntó, cuánto andan tus ovejas en un día aproximadamente?
El pastor contestó: Se refiere usted a las blancas o a las negras?
- Digamos a las blancas.
-Unos cuatro kilómetros.
-Y las negras?
- Unos cuatro kilómetros.
El forastero volvió a preguntar:
-Y como cuánto comen?
- Se refiere usted a las blancas o a las negras?
- Las blancas.
- Como tres kilos de hierba.
- Y las negras?
-Como tres kilos.
El forastero comenzaba a escamarse, pero siguió preguntando:
- Y cuánta lana dan tus ovejas?
Al pastor no se le olvidó precisar una vez más:
- Las blancas o las negras?
- Veamos las blancas primero.
- Cinco medidas de lana al año, señor.
- Y las negras?
- Cinco medidas.
Con eso se acabó la paciencia del forastero, que exclamó con justificada indignación y sorpresa:
- Es que me estás tomando el pelo o qué? Yo te hago preguntas bien claras sobre tus ovejas, y tú cada vez me haces que a ver si es de las blancas o de las negras, y cuando te lo pregunto por separado, me das siempre exactamente la misma respuesta para las unas que para las otras. Dime de una vez: hay alguna diferencia entre las blancas y las negras o no?
- Claro que sí señor, contestó el pastor con la serena sonrisa de la sabiduría campesina en los labios, "las ovejas blancas son mías".
- Y las negras? preguntó el forastero para satisfacer una última curiosidad. El pastor sin perder la sonrisa contestó:
- Las negras también son mías, señor.




El amor y el tiempo



Hubo un tiempo en el que en una isla muy pequeña, confundida con el paraíso, habitaban los sentimientos como habitamos hoy en la tierra.
En esta isla vivían en armonía el Amor, la tristeza, y todos los otros sentimientos.
Un día en uno de esos que la naturaleza parece estar de malas, el amor se despertó aterrorizado sintiendo que su isla estaba siendo inundada.

Pero se olvidó rápido del miedo y cuidó de que todos los sentimientos se salvaran.
Todos corrieron y tomaron sus barcos y corrieron, y subieron a una montaña bien alta, donde podrían ver la isla siendo inundada pero sin que corriesen peligro.

Sólo el amor no se apresuró, el amor nunca se apresura.
Él quería quedarse un poquito más en su isla, pero cuando se estaba casi ahogando el amor se acordó de que no debía morir.
Entonces corrió en dirección a los barcos que partieron y gritó en busca de auxilio.

La Riqueza, oyendo su grito, trató luego de responder que no podría llevarlo ya que con el oro y con la plata que cargaba temía que su barco se hundiera.

Pasó entonces la Vanidad que también dijo que no podría ayudarlo, una vez que el amor se hubiese ensuciado ayudando a los otros, ella, la Vanidad, no soportaba la suciedad.

Por detrás de la Vanidad venía la Tristeza que se sentía tan profunda que no quería estar acompañada por nadie.

Pasó también la Alegría, pero ésta tan alegre estaba que no oyó la súplica del amor.

Sin esperanza el Amor se sentó sobre la última piedra que todavía se veía sobre la superficie del agua y comenzó a menguar.

Su llanto fue tan triste que llamó la atención de un anciano que pasaba con su barco.
El viejito tomó al Amor en sus brazos y lo llevó hacia la montaña más alta, junto con los otros sentimientos.

Recuperándose, el amor le preguntó a la Sabiduría quién era el viejito que le había ayudado...
a lo que ésta respondió..... "El Tiempo"..... el Amor cuestionó: ...
"¿Por qué sólo el Tiempo me ayudó?".... La Sabiduría entonces respondió:
"Porque sólo el Tiempo tiene la capacidad de entender cuan valioso es el Amor" ....


El triple filtro de Sócrates


En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos. Un día un conocido se acercó al gran filósofo y le dijo:
 — ¿Sabes lo que escuché ayer acerca de tu amigo?
— Espera un minuto -replicó Sócrates-. Antes de decirme nada sobre eso quisiera que lo sometieras a un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.
 — ¿Triple filtro?
 — Correcto -continuó Sócrates-. Antes de que me hables sobre mi amigo, sería buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir, es por eso que lo llamo “el examen del triple filtro”.
 — El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto? — No -dijo el hombre-, realmente solo escuché un rumor sobre eso y…
 — Está bien -dijo Sócrates-. Entonces no sabes si realmente es cierto o no.
 — Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
— No, por el contrario…
— Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero sin estar seguro de que sea cierto.
— Pero aun así podría querer escucharlo; porque queda un filtro: el filtro de la utilidad.
 — ¿Me servirá de algo lo que vas a decirme de mi amigo?
 — No, la verdad es que no.
— Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, y ni siquiera es útil ¿para qué querría saberlo?

Asamblea en la carpintería

Cuentan que en una carpintería hubo una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar diferencias.

El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar, ya que se pasaba todo el tiempo haciendo ruidos.

El martillo aceptó la culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo, argumentando que había que darle demasiadas vueltas para que sirviera.

El tornillo aceptó el ataque, pero exigió la expulsión de la lija. Señaló que era áspera en su trato y tenía fricciones con los demás.

Y la lija estuvo de acuerdo, pero exigió que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás como si él fuera perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició la tarea. Utilizó el martillo, la lija, el metro, y el tornillo. Finalmente, la tosca de madera se convirtió en un hermoso mueble.

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación.

Fue entonces cuando el serrucho dijo: - Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso nos hace valiosos. Así que no pensemos en nuestras fallas y concentrémonos en la utilidad de nuestros méritos.

La asamblea pudo ver entonces que el martillo es fuerte, el tornillo une, la lija pule asperezas y el metro es preciso. Se vieron como un equipo capaz de producir muebles de calidad.

Esta nueva mirada los hizo sentir orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.


Cuando el sueño se termina



Muchos tendrían que sentir celos de ti. El saber que todo ha fallado es el comienzo de un nuevo viaje.

El saber que 'Todo lo que he conseguido se ha perdido' es el comienzo de una nueva búsqueda de algo que no se puede perder.

Cuando uno está completamente desilusionado del mundo y todos sus éxitos, sólo entonces uno se vuelve espiritual.

Quizás no estés todavía consciente de ello, pero hay algo que se está agitando, una nueva alegría está surgiendo tras la cortina de la tristeza — la alegría de una nueva búsqueda, de una nueva aventura, de una nueva vida, de una nueva forma de ser.

' No puedo percibir su final - ¿o es que no tiene fin?'

Hay un principio de la mente y hay un final de la mente, hay un principio del ego y hay un final del ego, pero no hay un principio para ti y un final para ti. Y no hay un principio para el misterio de la existencia y no hay final para ti.

Es un proceso continuo. Más y más misterios te están esperando, de ahí la emoción y el éxtasis.

Siéntete estático al saber que la vida no tiene fin, que cuando has alcanzado una cima, de repente otra cima te está retando — una más alta, más difícil de escalar, más peligrosa de alcanzar. Y cuando has llegado a esa otra cima, habrá otra; una tras otra. Son los eternos Himalayas de la vida.

Sólo piensa en un punto al que en algún momento llegaste, y del cual ya no queda nada. Estarías entonces completamente aburrido; ¡el aburrimiento sería entonces tu único destino! Y la vida no es aburrimiento, es una danza. La vida no es aburrimiento, es júbilo, exuberancia.

Muchas muchas cosas van a ocurrir, y muchas muchas cosas siempre quedarán por ocurrir. El misterio nunca termina, no puede terminar. Por eso se le llama misterio, ni siquiera puede ser conocido. Nunca se convertirá en conocimiento, por eso se le llama misterio, algo en él es eternamente escurridizo. Y en esto radica toda la alegría de la vida. El gran esplendor de la vida es que te mantiene eternamente ocupado, buscando, explorando. La vida es exploración, la vida es aventura.


El éxtasis es nuestra propia naturaleza; no estar estático es sencillamente innecesario. Estar extático es natural, espontáneo. Estar estático no requiere ningún esfuerzo, se necesita de un gran esfuerzo para sentirse desdichado.

Por eso te ves tan cansado, porque el sufrimiento es en verdad un trabajo pesado; mantenerlo es realmente difícil; porque estás haciendo algo en contra de la naturaleza. Estás yendo contra corriente — esto es el sufrimiento.

¿Y qué es la dicha? Ir con la corriente — tanto así que toda separación entre tú y el río simplemente se pierde. Tú eres el río. ¿Cómo puede ser difícil? Para dejarte llevar por la corriente no necesitas nadar; simplemente flotas en la superficie del río y la corriente te lleva hacia el océano. La corriente te empuja de forma natural hacia el océano.

La vida es un río. No la fuerces y jamás te sentirás desdichado.



Osho, The Book of Wisdom, charla #4



Mirabai Ceiba, Har Mukanday - Mantra of Liberation (Official Music Video)




Har es el aspecto creativo del Infinito.
Mukunday es el aspecto Liberador del Yo.
Este mantra convierte los desafíos en oportunidades, la eliminación de miedo.

Lionia Shilovsk, un genio en la batería.

Cuando los niños muestran sus talentos artísticos casi siempre se ganan el cariño del público y mucho más si lo hacen a edades tempranas y con la naturalidad de un experto. Este es el caso de Lionia Shilovski, un niño ruso de 3 años que toca la batería con la Orquesta Sinfónica de Novosibirsk. El niño se hizo famoso a finales del año pasado tras su presentación en el concurso televisivo de talentos ‘Minuta Slavi’ y ha sido invitado por la orquesta para que muestre su talento en sus conciertos. Sin duda, a este pequeño le espera un gran futuro musical.

 

El valor de la ternura - Alex Rovir


Si algún elemento da belleza y sentido a la vida, ese es, sin duda, la ternura. La ternura es la expresión más serena, bella y firme del amor. Es el respeto, el reconocimiento y el cariño expresado en la caricia, en el detalle sutil, en el regalo inesperado, en la mirada cómplice o en el abrazo entregado y sincero. Gracias a la ternura, las relaciones afectivas crean las raíces del vínculo, del respeto, de la consideración y del verdadero amor. Sin ternura es difícil que prospere la relación de pareja. Pero además es gracias a la ternura que nuestros hijos reciben también un sostén emocional fundamental para su desarrollo como futuras personas.
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La doctora Elisabeth Kübler-Ross, que acompañó a miles de enfermos terminales en su camino hacia la muerte y dio testimonio de sus experiencias en una serie de libros, cuenta que los recuerdos que más nos acompañan en los últimos instantes de nuestra vida no tienen que ver con momentos de triunfo o de éxito, sino con experiencias donde lo que acontece es un encuentro profundo con un ser amado, un momento de intimidad cargado de
significado: palabras de gratitud, caricias, miradas, un adiós, un reencuentro, un gracias, un perdón, un te quiero. Son esos instantes los que al parecer quedan grabados en la memoria gracias a la luz de la ternura que revela la excelencia del ser humano a través del cuidado y el afecto.
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Decía Oscar Wilde que en el arte como en el amor es la ternura lo que da la fuerza. Mahatma Gandhi apuntaba en la misma dirección cuando decía que un cobarde es incapaz de mostrar amor. Y así es: paradójicamente, la ternura no es blanda, sino fuerte, firme y audaz, porque se muestra sin barreras, sin miedo. Es más, no sólo la ternura puede leerse como un acto de coraje, sino también de voluntad para mantener y reforzar el vínculo de una relación. La ternura hace fuerte el amor y enciende la chispa de la alegría en la adversidad. Gracias a ella, toda relación deviene más profunda y duradera porque su expresión no es más que un síntoma del deseo de que el otro esté bien.
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La ternura implica, por tanto, confianza y seguridad en uno mismo. Sin ella no hay entrega. Y lo más paradójico es que su expresión no es ostentosa, ya que se manifiesta en pequeños detalles: la escucha atenta, el gesto amable, la demostración de interés por el otro, sin contrapartidas.
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La ternura expresa, además, la calidad de una relación. Sexo con ternura es expresión del amor; sin ternura, una relación basada en la sexualidad está condenada a la ruptura. Porque aunque pueda haber intensidad sensorial en el intercambio físico, sin ternura se produce una relación que se encierra en la búsqueda del propio placer y hace del otro un objeto de satisfacción y nada más. El ensayista francés Joseph Joubert decía que la ternura es el reposo de la pasión. En efecto, la pasión del enamoramiento es efímera y deja paso con el tiempo a una relación más reposada donde se instala la ternura. Sin ella, la relación de pareja está condenada al fracaso porque su ausencia genera aburrimiento, rutina, apatía, distancia y egoísmo.
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Piero Ferrucci, en su libro El poder de la bondad, relata los resultados de un estudio en el que se interrogó a 10.000 hombres sobre su salud, hábitos y circunstancias. Según este estudio, el indicador más fiable de una angina de pecho era la respuesta a la pregunta: ¿le demuestra su esposa que le ama? Un sí por respuesta se relacionaba estadísticamente con el no haber sufrido una angina de pecho, mientras que quienes respondían no, habían tenido esta dolencia cardiaca en un porcentaje muy superior a la media.
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La ternura encuentra también un espacio para desarrollar su extraordinario valor en los momentos difíciles. Expresar el afecto, saber escuchar, hacerse cargo de los problemas del otro, comprender, acariciar, cultivar el detalle, acompañar, estar física y anímicamente en el momento adecuado..., son actos de entrega cargados de significado. Y es que en el amor no hay nada pequeño.
Esperar las grandes ocasiones para expresar la ternura nos lleva a perder las mejores oportunidades que nos brinda lo cotidiano para hacer saber al ser amado cuán importante es para nosotros su existencia, su presencia, su compañía.
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Ya lo dijo hace más de 2.000 años el poeta latino Publio Virgilio Marón: “El amor todo lo vence”. Y es verdad, a través de la ternura.